Bloopers, los increíbles compañeros de Thomas Pesquet a bordo de la Estación Espacial Internacional

El astronauta francés Thomas Pescet parte el jueves para su segunda visita a bordo de la Estación Espacial Internacional. Esta vez, se lleva cuatro puntos, estos extraños organismos unicelulares que no son plantas, animales u hongos. El objetivo: estudiar su comportamiento en el espacio, liberado de la gravedad.

En cuanto a la misión Alpha, Thomas Pisquet realizará una gran cantidad de experimentos científicos a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS), de la que partirá para unirse el jueves 22 de abril. En el programa: Fíjate cómo los astronautas duermen en el espacio, cultivan una planta y mueven algo con un “clip sónico” pero también cuidan cuatro puntos, estos organismos unicelulares que fascinan a la comunidad científica.

Visarum polycephalum por su nombre científico, Point es una especie viva difícil de clasificar: no es un animal, ni una planta, ni un hongo. Compuesto por una célula y varios núcleos, es uno de los pocos organismos unicelulares que se pueden ver a simple vista y su color amarillo le confiere el aspecto de una tortilla o un queso gratinado.

“El punto es notable en muchos sentidos. Tiene capacidades excepcionales”, dice Audrey Dsottor, directora de investigación de CNRS Animal Cognition Research, a cargo del proceso con su equipo.

Capacidades de resistencia extraordinarias

No tiene boca, pero puede comer. Se alimenta especialmente de algas silvestres o de avena en el laboratorio. “Puede moverse. Si se alimenta, puede duplicar su tamaño todos los días”, explica el especialista en puntos contactado por France 24.

“Es inteligente, aunque no tiene sistema nervioso”, prosigue. “Es capaz de aprender y memorizar, pero también de impartir información a sus compañeros”. Por ejemplo, puede encontrar su camino a través de un laberinto.

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Point también tiene extraordinarias capacidades de resistencia. “En el laboratorio, en buena forma, el punto es casi inmortal”, sigue asombrada Audrey Dessottor.

En teoría, este organismo debería estar en un ambiente húmedo, en la oscuridad, con comida. Si tiene mucha luz o calor, se encogerá, se secará y caerá en un estado inactivo, un estado estable en el que puede pasar varias décadas. “¿Para despertarlo? Solo rocíelo con agua”, explica el científico. Y para agregar todas las sonrisas: “¡Nuestro punto más antiguo tiene 70 años!”

Una vez en el espacio, liberado de la gravedad, ¿cómo reaccionaría este organismo unicelular? En total, habrá cuatro de ellos, seleccionados a mano por su resistencia, a bordo de la Estación Espacial Internacional.

“No sabemos qué pasará”, admite Audrey Dossautor. “Veremos cómo se mueven, cómo se alimentan. Tal vez su comportamiento cambie, en lugar de volverse planos, ganarán tamaño”.

“Los dejaremos en reposo durante el vuelo. También es posible que se queden ahí”, advirtió. “El efecto de la ingravidez es lo único que no podemos probar en el laboratorio”.

Preparación cuidadosa

Antes de enviar los puntos al espacio, Audrey Dsottor y su equipo tuvieron que realizar un conjunto completo de experimentos y pruebas. “El mayor desafío fue encontrar la forma de esterilizarlo, que es un paso obligatorio para todo lo que ingresa a la Estación Espacial Internacional, sin estresarlo”, explica. “También tuvimos que probar el efecto de las vibraciones de despegue y elegir los puntos a enviar …”, varió.

Un equipo de especialistas también se encarga de crear la “caja de burbujas”, la caja en la que se moverán estos organismos. “Era necesario construir una caja que les permitiera respirar, asegurándose de que no pudieran escapar”, dice. Una tarea difícil cuando se conoce el talento de estas criaturas para infiltrarse en espacios reducidos.

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En la Estación Espacial Internacional, los cuatro puntos se guardarán en esta caja, que los protegerá de la luz. “Para no atacarlos, se filmarán unos segundos cada diez minutos”, explica el científico.

La tarea de Thomas Pesquet será “despertar” a las manchas de su estado inactivo. Luego se realizarán dos ensayos simultáneamente durante una semana: dos puntos se colocarán en cajas llenas de comida mientras que los otros dos se privarán. Según Audrey Dossotour, “Podremos ver cómo se mueven y cómo navegan en el espacio y compararlos con su comportamiento en la Tierra”.

>> Veamos, nuestra entrevista con Thomas Pesquet: “Extraño el espacio cuando estoy en la Tierra”.

Un objetivo educativo

Pero esta experiencia, si indudablemente aportara conocimientos adicionales sobre este género excepcional, Sobre todo es un objetivo educativo. Aproximadamente 2,000 clases en escuelas primarias, intermedias y secundarias francesas recibirán de tres a cinco puntos por ejecutar los mismos experimentos en paralelo. Así podrán comparar sus resultados con los obtenidos a bordo de la Estación Espacial Internacional. La oportunidad, por qué no, de generar algunas invitaciones entre los estudiantes.

Sin embargo, el científico espera poder sintetizar los datos recopilados. “¡Es un gran ejemplo de la ciencia de compartir!” “Haremos el mismo experimento 2000 veces. Espero que esto se use para un artículo de ciencia. De esa manera, los estudiantes se habrán puesto en el lugar de un científico de principio a fin, desde el experimento hasta la explotación de los resultados”.

Por otro lado, los experimentos realizados en el espacio no podrán conducir a ninguna conclusión científica concreta. “Era necesario enviar al menos diez puntos. Era muy caro”, explica Audrey Dsottor. “Pero quién sabe, si esta primera experiencia fue positiva, tal vez podríamos enviar más puntos en una próxima misión”. Está previsto que los experimentos se lleven a cabo en la Estación Espacial Internacional y en la Tierra a finales de septiembre.

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